Revista YOUNG España
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A la persona más importante de mi vida (que ya no está)

Barcelona, 9 de Septiembre de 2016

Querida L.,

¿Sabes?, es extraño tener que hablarte así, mediante una carta que no sé si de alguna forma te llegará, allí dónde estés. Quiero empezar recordándote lo mucho que te quiero y extraño. Y aún más hoy, el día de mi cumpleaños. Es el sexto que celebro sin ti y la verdad es que aún no me acostumbro. Año tras año, soplo las velas y mi único deseo es poder abrazarte, una última vez. Sé que eso es imposible; ya nunca voy a tener la oportunidad de hacerlo de nuevo.

Quisiera decirte tantas y tantas cosas… Por un momento, voy a imaginar que estás sentada a mi lado, aquí en el sofá. Solas tú y yo. ¿Te lo imaginas? La televisión está encendida, pero no le prestamos demasiada atención. Nos centramos en todas las historias que tenemos por contarnos, que seguro, han sido muchas. Seis años y medio dan para muchas páginas en el libro de nuestras vidas.

Me tomas la mano y te empiezo a contar mi experiencia en la Universidad. Recuerdo cómo de pequeña soñaba con irme a vivir contigo a Barcelona. Algo que, al final, nunca llegó a suceder. Pero vamos a dejar los sueños pasados a un lado, sólo por un momento. Como debes saber, los cuatro años de carrera universitaria ya se acabaron y puedo decir con orgullo que “me gradué”, y además en algo que me apasiona profundamente. Mi pregunta es, y tú, ¿estarás orgullosa de mí por ello?

A la vez, me pregunto si también te enorgullecen mis decisiones y la mujer en la que, poco a poco, me estoy convirtiendo. Como bien sabes, la vida no es fácil. No tendría sentido que lo fuese, ¿verdad? Supongo que todos los retos que debemos superar están ahí por algún motivo. El caso es que muchas veces me siento estancada porque no sé cuál es la decisión correcta a tomar. Y es entonces, cuando me gustaría recorrer a ti, que siempre sabías cuál era esa respuesta correcta, la dirección más acertada, el consejo más sabio. Y de nuevo, me veo sola. Sola en un mundo oscuro en el que todos y todas intentamos brillar.

Y nosotras seguimos charlando. Te cuento mis sueños, todo aquello que quiero hacer, en lo que me quiero convertir. En mis ganas de luchar y cambiar el mundo. En esa ilusión por crecer y aprender. Veo cómo me sonríes, supongo que te alegra ver que soy la misma niña con los pies en el aire, en vez de en el suelo.

Ahora que te tengo aquí, aprovecho para pedirte por favor que cantes, tal y como solías hacerlo. En su momento, el silencio se apoderó de casa. Cuando te dijimos adiós, también nos despedimos de las hermosas melodías que, un día, eran nuestra fuente de inspiración. Creo que fue entonces, cuando la vida pasó a ser una de esas canciones tristes, que hablan de pérdidas, de corazones rotos, de vivir sin alguien. Alguien como tú. Cierro los ojos y disfruto escuchándote, de nuevo, durante unos minutos.

Como bien sabes, no todos los días son grises. Sonrío a menudo, o por lo menos, lo intento. Tú eras positiva siempre, así que, ¿por qué no debería serlo yo? Sé que, por muy duro que sea tener que seguir adelante sin ti, es algo que debo hacer. Afirmas, así que entiendo que eso lo estoy haciendo bien. “Sólo se vive una vez”, dicen muchos. Suena a tópico, y ya sabes que no me van los tópicos. Pero voy a decirte que, sólo en este caso, estoy de acuerdo. Aún así, quiero preguntarte: ¿Te parece bien que viva la vida por las dos?

Ahora pienso en todas las preguntas que quise hacerte y nunca tuve la oportunidad. ¿Fuiste feliz, al final? ¿Era yo tan importante en tu vida como tú lo eras (y sigues siendo) en la mía? ¿Crees que algún día volveremos a encontrarnos? Y si es así, ¿crees que volveremos a tener la misma conexión que ya tuvimos en un pasado?

Veo tu mano, acercándose para acariciar mi mejilla. Perdóname por echarme a llorar en este momento, el único que hemos tenido en los últimos 78 meses. No lo puedo evitar, es demasiado duro.

Me encantaría que mi deseo de cumpleaños se hiciera realidad, así que me acerco un poco más a ti, abro los brazos e intento abrazarte. Pero entonces, justo cuando estoy a punto de envolverte, desapareces. Siento cómo una pequeña parte de mí se rompe de nuevo. Ya no estás conmigo en el sofá, me quedo sola, pensando en todo lo que te he contado y lo que me ha faltado por contarte. “En otra ocasión”, me digo a mí misma. El problema es que no sé si habrá otra.

Quiero pensar que, allí dónde estés, me observas y cuidas de mí. ¿Sabes una cosa? Durante las noches estrelladas, te busco. Sé que eres una de ellas. ¿Serás la estrella que más brilla? ¿O la de al lado? ¿O quizá es la que parpadea? Seas cuál seas, sé que que estás ahí para mí, y eso me anima a seguir, así que gracias.

Hoy voy a soplar 22 velas, y voy a pedir el mismo deseo que los últimos 6 años. No pierdo la fe, puede que algún día se haga realidad, ¿verdad? Aún así, quiero que sepas que ya me hiciste el mayor regalo del mundo, pues en un pasado, compartiste una pequeña parte de tu vida conmigo. Y sólo por ello, ya me siento la persona más afortunada del planeta.

Te vuelvo a recordar que te quiero de tal forma que ninguna palabra es suficiente para describir tal sentimiento. Y también, que te extraño, y creo que nunca voy a dejar de hacerlo. Porque no quiero hacerlo. Porque quiero que sigas viva, aunque sólo sea en mi corazón.

Siempre tuya,

Irene

P.D. John Green escribió una vez que “You can love someone so much, but you can never love people as much as you can miss them.” (“Puedes amar mucho a alguien, pero nunca puedes amar a las personas tanto como podrás extrañarlas”). Y tenía toda la razón.

Irene Altozano

Vivo soñando y sueño viviendo. Y todo ello lo escribo. Sólo así consigo sentirme libre.

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