Revista YOUNG España

MOONLIGHT: ¿Negro y gay?

Haciendo una visión holística del tratamiento en la cinematografía popular a la problemática LGTBIQ, pasando por las grandes obras ganadora de premios desde COWBOY DE MEDIANOCHE (John Schlesinger, 1969), que supuso algo parecido a un primer golpe en la mesa para visibilidad de este colectivo, fue ilusorio. Finalmente, uno de los grandes paradigmas que iba a suponer el Oscar a Mejor Película para BROKEBACK MOUNTAIN (Ang Lee, 2005) terminó en la desgracia histórica del triunfo de la homofobia en la industria (no hay mas excusas) que dio terminó por devolvernos a todos a nuestros sitios, gran parte del mundo quería seguir igual.

(Mención al olvido absoluto a una gran joya del cine, TANGERINE (Sean Baker, 2015) que supuso una revolución en el panorama cuando, por primera vez, una persona transexual ganaba premios dentro de gremios de relativa relevancia, como los Gotham o los Independent Spirit.)

Hoy, con MOONLIGHT, la opera prima de Barry Jenkins, debemos decir que se acerca algo que roza lo inaudito. Un paso que suma a la dicotomía Hollywood/LGTBIQ y lo hace dentro de un contexto racial, los afroamericanos.

Barry Jenkins nos retrata, con un amplísimo espectro temporal (infancia, adolescencia y adultez) , un recorrido de la aceptación, la aceptación para con tus seres cercanos (familia, amigos…) y aceptación de uno mismo para con la sociedad, los comportamientos impuestos, estructuras patriarcales y raciales, económicas, de clase, para terminar acercándose a la aceptación de uno mismo por encima de todas las cosas, aceptación que conlleva a la liberación y aceptación del amor esencial.

A la mirada del personaje principal se le suman varias miradas que le acompañan a través de su vida, la de su propia madre adicta a las drogas, personaje interpretado con un virtuosismo pasmoso por Naomi Harris. Un personaje “gansta” traficante de drogas que se descubre como un “maestro” o “guía”, interpretado por Mahershala Ali, una interpretación que dejará una huella en la memoria visual del espectador. Personajes condenados, o mejor dicho, pre-condenados, por la raza, a vivir en guetos.

MOONLIGHT da color a la oscuridad emocional. Recordamos un fragmento del guión “Mi abuela decía que la piel de un afroamericano a la luz de la luna se ve azul”. Con una puesta en escena humildemente elegante que calma la cinefágia más exigente (¡QUÉ FOTOGRAFÍA Y QUÉ MÚSICA!), le da lírica, a unas vidas renegadas al olvido, desprotección e invisibilidad. La da esperanza a personas que no hacen mas que luchar por algo que se les ha arrebatado pero que tampoco sabían que podían tener.

MOONLIGHT pretende alumbrar la dignidad humana y llevarnos a debatir (o expandir) sus “límites”, algo que parece que, visto los últimos acontecimiento sociopolíticos, corremos el peligro de perder gradualmente sin que nos demos cuenta, no porque se nos esté doblegando, sino porque lo estamos permitiendo.

5 Stars (5 / 5)

 

Deva H. Reyes

Amante y estudioso del cine con todas sus consecuencias.

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